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Crónica de una elección anunciada

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Evo Morales en Nicaragua, 2008. Foto: Presidencia de la República del Ecuador (CC).

No era de sorprenderse, algunos lo esperaban con alegría y otros pocos con desdén, pero todo boliviano sabía que el pasado domingo 6 de diciembre, Evo Morales sería reelegido presidente del ahora Estado Plurinacional de Bolivia. Así pues, el MAS¹ ganó nuevamente su entrada al Palacio Quemado con un avasallador 62% de los votos, logrando al menos 25 de 36 senadores y 84 de los 130 diputados.

Bolivia: Un nuevo País

Estos comicios no son más que el resultado de que ahora los bolivianos viven en un nuevo país. Guste o no guste, en Bolivia hay un pasado que no volverá: Muchos clivajes históricos habían quedado como herencia de la época colonial boliviana. En cierta medida, estructuras sociales en las que el indígena era sinónimo de ciudadano de segunda categoría, se reprodujeron en las sociedades modernas sin darle cabida a la inclusión social o a la participación. Con esta nueva insurgencia, la democracia boliviana ha quedado al desnudo, mostrando sus debilidades y limitaciones.

Desde el año 2003, Bolivia es un país sobre el que se vino dibujando una nueva estructura social. El fenómeno “Evo Morales”, trajo consigo una suerte de “ascensor social”, al que se han subido personas que —como el mismo Evo— nunca se lo hubieran imaginado. En este sentido, si hay algo que se le puede reconocer de bueno al gobierno de Morales es el haber promovido un gran empoderamiento social. Sin pelos en la lengua podemos decir, que hoy en Bolivia, indígenas y “cholos”² ocupan puestos jerárquicos y ya son parte de la nueva élite política, lo que además ha promovido gran movilidad social. Por otro lado, y aunque no es el resultado del gobierno de Evo Morales, los nuevos ricos provenientes de la clase chola emergente, hoy pueden encontrarse fácilmente compartiendo asiento con ejecutivos de camisa y corbata en la primera clase de un vuelo internacional.  Todo este fenómeno está además permitiendo que esta población se sienta más orgullosa de su origen. Y esto no tiene vuelta atrás. El proceso de identificación étnica con el presidente ha contribuido a la recuperación de la autoestima de los eternamente marginados, que ahora han cobrado ciudadanía.

Asimismo, una nueva élite económica se ha puesto al descubierto; pues equivocados están, los que creen que la Bolivia dinámica está sólo en manos de los grandes empresarios del oriente. La economía informal, la que no contribuye al estado porque no paga impuestos, mueve muchos millones de dólares, y cabe destacar que ninguno de los gobiernos del pasado ni Evo Morales se han atrevido a poner el cascabel al gato, claro, porque ellos representan un importante caudal electoral. Es una incógnita saber si ahora luego del triunfo contundente, el presidente Morales se atreva a dar ese paso necesario.

En lo que concierne a la esfera política, las elecciones del domingo pasado han terminado de enterrar a los viejos partidos tradicionales. Esta debacle de la vieja clase política, posiciona al MAS como un partido político hegemónico. Basta dar un vistazo al nuevo poder legislativo para comprobar que Morales está, como escribe con mucho tino Carlos Mesa —ex presidente de Bolivia—  “en las puertas de su paraíso”.

De la polarización a la unipolaridad

Mostrando total asimetría entre oficialismo y oposición, la campaña electoral no fue nada más que la expresión de la nueva unipolaridad del país. Por un lado, la posición estratégica  de “presidente-candidato” le permitió a Morales un manejo del aparato estatal para su causa, haciendo uso y abuso  tanto de los poderes como de los recursos del gobierno para contar con una campaña de alta intensidad. Del otro lado, se encontraba una oposición debilitada y divida, con una campaña sin mayor discurso que el de “No más Evo”.

A pesar de festejar bailando su ajustada mayoría, Santa Cruz, Beni y Pando, bastiones de la oposición, han sentido la fuerte emergencia de un voto pro-MAS que posiciona a la consolidada oposición del Oriente boliviano entre puntos de interrogación. Evo Morales obtuvo en estos departamentos una alta votación respectivamente de 46%, 43% y 35%.   En Santa Cruz, la oposición saca una ventaja de sólo 7 puntos frente al MAS. Y ni qué hablar de otros departamentos tradicionalmente opositores, como Tarija y Chuquisaca, donde penetró el Movimiento al Socialismo para ganar. De esta manera, la hipótesis con la que se armaba la oposición de una Bolivia polarizada, queda completamente desamparada. Hoy, ésta es sin duda reemplazada por la de una unipolaridad política con la hegemonía del MAS. La ilustración gráfica más contundente, es la del analista Rogelio Nuñez que nos habla de una Media Luna,³ que hoy no es nada más que “un cuarto menguante”.

Tenemos entonces certeza, de que el MAS es la única estructura con representación política a nivel nacional. Su penetración en departamentos donde hace cuatro años no tenía cabida, ya fue mencionada, pero la situación sólo se hace más evidente en su dominio. Tres departamentos del occidente lo revelan con más del 70% de aprobación (La Paz, Oruro y Potosí).

Morales y su primer mandato

La innegable victoria de Morales lo califica como el líder más significativo de la historia política boliviana desde Víctor Paz Estenssoro, quien en su época convocó grandes mayorías siendo presidente del país en 4 gestiones. Desde la transición a la democracia en los años 80, ningún líder más que el del Movimiento al Socialismo ha alcanzado el famoso 50+1, y menos la reelección inmediata (prohibida por la antigua Constitución). La similitud  de estos dos personajes —aunque rechazada por Evo Morales— ha llevado a muchos analistas a dibujar sus historias paralelamente. En 1952, Paz Estenssoro hizo una Revolución otorgando el voto y la educación universal, y devolviendo la tierra bajo la Reforma Agraria del 53. Sin embargo, como lo dice el ex-presidente de Bolivia Carlos Mesa, si bien “ambos líderes promovieron grandes conquistas para el mundo indígena, Paz las hizo más tangibles, Morales más simbólicas…”

Es de sorprenderse, pero la popularidad de Morales no cesó de aumentar después de cuatro años de mandato plagados de más retórica que de acciones. Con el lema de « Tras 500 años de opresión tocan 500 años de gobiernos de los oprimidos », Morales decidió “refundar el país” olvidándose que no sólo es presidente de los oprimidos, sino de todos los bolivianos. Así pues, lo concretizó con una nueva Constitución de corte indigenista, en la que la República Nacional de Bolivia se vuelve Estado Plurinacional de Bolivia. Ahora bien, Morales empezó su primer mandato aprovechándose de la coyuntura internacional: La subida de los precios de las materias primas como la ayuda económica venezolana le proporcionaron ciertas facilidades al nuevo presidente. Pese a esto, más allá de los bonos para escolares, madres y ancianos, su gobierno no ha contado con verdaderas políticas de inversión social. A cambio, el gobierno de Morales con la nacionalización ha impedido nuevas inversiones y por ende la caída de la producción de hidrocarburos. A su mandato hay que sumarle la evidente ausencia de Estado de Derecho, pues estuvo plagado de abuso de poder que se hacía evidente frente a las mismas declaraciones públicas del presidente: « cuando algún jurista me dice: Evo te estás equivocando jurídicamente, eso que estás haciendo es ilegal, bueno yo le meto por más que sea ilegal. Después les digo a los abogados: si es ilegal, legalicen ustedes, si no para qué han estudiado ». Cómo si fuera poco, el MAS que llegó al gobierno prometiendo eliminar la corrupción, no se salvó de ella y con varios escándalos de alto nivel. Los más sonados fueron aquellos vinculados a los Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, que pasaron por las manos de 5 diferentes presidentes que renunciaron por sospecha de corrupción. El último fue directamente a la cárcel.

Carta Blanca para Evo Morales

Con los dos tercios a su favor en la Asamblea Plurinacional, Evo Morales y su “Partido de Estado” tienen todas las posibilidades de desarrollar su proyecto (sea cual fuere), sin impedimento alguno. Nos encontramos entonces, en un escenario político en el que la oposición apenas está de adorno, lo que no deja de ser preocupante para la democracia, la misma que debería estar sustentada por la presencia de partidos políticos. No pueden los movimientos sociales sustituir a los partidos, por muy malos que fueran estos.

Una vez llegado el fin de la jornada electoral, Morales declaró: « tenemos la enorme responsabilidad de profundizar, de acelerar este proceso de cambio. Que obtengamos más de dos tercios en las (cámaras de) diputados y senadores me obliga a acelerar este proceso de cambio ».

Ahora bien, queda por definirse en qué consistirá el famoso proyecto de cambio. Con la carta blanca de la población, Evo puede tomar dos caminos: Por un lado, tiene vía libre para ahondar su reforma de Estado y su proceso de “acumulación de poder”;  y dadas las características un tanto autoritarias del presidente, caer en la tentación de una reelección indefinida, como lo hace su amigo el Presidente Venezolano. Por otro lado —aunque decirlo me haga parecer ilusa— Morales podría empezar a sentar las bases de la democracia construyendo un nuevo sistema democrático horizontal de redes políticas, pues hoy hablar de un sistema político boliviano es imposible. Así como también incluir a la oposición en este sistema, eliminando tendencias autoritarias. Y finalmente, adoptar la vía del diálogo y del consenso, evitando su recurrente retórica confrontadora y polarizadora;  pero sobre todo respetando a las minorías. Por que si el presidente Morales quiere permanecer dentro del marco de la democracia,  tiene que entender que ¡La mayoría, no somos todos!

¹ Movimiento Al Socialismo MAS, partido de Evo Morales

² “Cholo es un término usado en algunos países de América Latina, y que generalmente indica el gentilicio de la población de sangre mixta o mestiza, o también de rasgos indígenas de América.”

³ “La Media Luna, es la denominación de una zona ubicada en el oriente del país, está integrada por los Departamentos de Tarija, Santa Cruz, Beni, Pando y Chuquisaca. Éste desempeña un papel de gran importancia en la política boliviana, liderando el movimiento autonomista y siendo bastión de la oposición al gobierno del Presidente de Evo Morales”

Catalina González Decker

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