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¿Cultura o excusa?

Existen algunas cosas frente a las cuales no se debe recurrir al relativismo cultural por el simple hecho de que el horror no es relativo.

Cada año aproximadamente tres millones de niñas en el mundo son sometidas a una mutilación genital conocida como ablación o escisión. Se trata de una operación en donde se procede a amputar parte de los genitales femeninos. Existen diferentes tipos de ablación: algunas veces se extirpa una parte o la totalidad del clítoris. En otras, se cortan también los labios vaginales. La modalidad más brutal consiste en extirpar tanto el clítoris como los labios vaginales, y coser después la vulva dejando solo un pequeño orificio para la orina y la menstruación. Las consecuencias físicas y psicológicas de esta operación son innumerables. Lógicamente, la mujer pierde la sensibilidad en esta zona, lo que genera la imposibilidad de sentir cualquier tipo de placer sexual por el resto de su vida. Su salud también está comprometida. La mayoría de las ablaciones son practicadas por medios tradicionales con pésimas condiciones de higiene y sin ningún tipo de anestesia. Muchas niñas se desangran hasta morir o son víctimas de infecciones severas después de ser mutiladas. Además, los partos se complican mucho más fácilmente, causando gran número de muertes en las mujeres y en los bebés.

A todo esto es muy fácil responder que se trata de una práctica cultural que nosotros, desde nuestro punto de vista occidentalizado, no podemos entender y por lo tanto no debemos juzgar. Así pues, ¿expresar un rechazo completo hacia esta práctica y una voluntad de erradicarla significa sufrir de etnocentrismo? No hay que dejarse llevar por ese temor. Está claro que hay muchas cosas que escapan a nuestro entendimiento. Incluso las nociones de dignidad, dolor, justicia, son nociones socialmente construidas y puede ser legítimo cuestionarlas. Pero creo que nunca debemos olvidar que en cualquier parte del mundo, las víctimas sienten dolor. Si bien es meritorio intentar desprenderse un poco de nuestra visión del mundo y ponernos en posición ajena, también deberíamos tener la capacidad de tomar el lugar de quienes están sufriendo.

La escisión se practica por razones culturales o religiosas. Su principal objetivo es el de purificar a la mujer. Al eliminar su placer, se pretende alejarla de la tentación sexual. Además, coser sus genitales la obliga a mantenerse virgen hasta el día en que su esposo corte el hilo. Esta barbarie se transmite de generación en generación. Son las madres, víctimas ellas mismas durante su infancia, quienes llevan a sus hijas a que se les opere. Esto muestra hasta qué punto están arraigadas en las mentalidades de las personas la necesidad y los supuestos beneficios de la mutilación. Pero esto no legitima nuestro inmovilismo. Precisamente el estar afuera nos permite tomar distancia frente a algo que al interior de la comunidad parece normal. Para romper con el círculo de violencia e ignorancia, es preciso actuar desde dentro, pero también desde afuera.

Me explico: la modelo somalí Waris Dirie, quien fue sometida a una ablación, fue de las primeras en denunciar esta práctica. Ella misma admite que es difícil hablar de eso, pues significa quitarse una mordaza que ha sido impuesta desde hace años. ¿No es demasiado pedirles a las mujeres que se rebelen contra toda su comunidad, sabiendo que viven oprimidas?  Si esperamos a que sean ellas mismas las que se opongan a la ablación, tendremos que esperar muchos años. Y no porque sea una práctica justificable, sino porque muy pocas mujeres se atreverán a discutirla desde su posición.

La comunidad internacional no es por lo tanto intolerante cuando aboga por una prohibición y una campaña de concientización en contra de la mutilación femenina. No se trata de cambiar toda una cultura o de imponer un punto de vista. Se trata de defender personas cuya dignidad y salud están en riesgo y que, hoy en día, no tienen los medios para detener esta situación. Tanto acá como allá el sufrimiento y la muerte deben ser combatidos.

2 commentaires

    Un article bien écrit et qui présente les choses de manière intelligente. Merci Magda.

  • Hace poco estuve leyendo un artículo super interesante sobre el trabajo de las mujeres en las minas de Potosí. En él, una investigadora francesa explicaba el mecanismo social por el cual se les prohibía a las mujeres explotar las vetas minerales dentro de la montaña. Según la creencia popular, la presencia de mujeres disgustaría a la Pachamama y haría desaparecer las vetas.

    Inicialmente uno puede reaccionar como reaccionan los indigenistas de escritorio, validando la práctica bajo el pretexto de no perturbar la riqueza de la organización social que dichas culturas ancestrales, originarias,…inventadas. Sin embargo, escapando de la ingenuidad del mito del « bon sauvage », la Sra. Absi explicaba cómo el mito reforzaba una organización patriarcal que sumía sistemáticamente en la miseria a las mujeres que escapaban de la tutela de un varón. En grandes rasgos, las mujeres sólo podían explotar las vetas a cielo abierto (las que menos mineral contienen) y el botín quedaba asegurado para los hombres, quienes se erigían en el sustento inequívoco del hogar.

    Para qué menciono todo esto? Esencialmente para subrayar tu argumento según el cual la alteridad no puede ser una excusa para dar pie a toda clase de afrentas a la dignidad humana. Ya lo dices bien en el artículo: el sufrimiento, la muerte y el horror no son relativos. Ahora, lo que si es relativo es nuestro discurso sobre la dignidad humana; pues claramente para un porcentaje considerable de la población de Somalia y de Bolivia no tiene ningún sentido.

    Entonces, contradicción? Sí y no…porque si bien algunos de los conceptos que rigen nuestras sociedades parecen ser contingentes o construidos, la realidad es que tienen un propósito virtuoso. Y aquí es donde discrepo contigo (parcialmente) cuando dices que « no se trata de imponer un punto de vista » pues de manera (más o menos) simbólica el aceptar un discurso y querer darle alcance universal implica imponerlo, otorgarle un caracter obligatorio.

    Creo que, en todo caso, lo delicado es encontrar maneras de imponerlo a través del desarrollo y la razón…

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