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Porqué deberíamos leer los autores clásicos

La lectura de los autores clásicos de muchas disciplinas no sigue siendo necesaria para estudiarlas académicamente. Muy pocas facultades de economía hoy en día hacen a sus estudiantes de primer año leer las obras de Adam Smith. Incluso, muchas clases de introducción a la psicología no incluyen las obras de Freud entre las lecturas obligatorias. La ciencia política se encuentra al otro extremo de esta tendencia. La lectura de los grandes autores de la disciplina a lo largo de la historia se considera como una condición imprescindible para realizar cualquier tipo de estudios en la materia. Las grandes universidades alrededor del mundo esperan que sus estudiantes, además de poseer un conocimiento de las obras de los grandes autores de la literatura Occidental como Dante y Shakespeare, dominen a la perfección todas las obras fundamentales de la filosofía política desde sus orígenes en Platón hasta Marx, e incluso más allá hasta el presente. Lastimosamente, este no es el caso en Sciences Po.

En nuestra clase de Introducción a la Ciencia Política, el texto más antiguo que leemos es de Max Weber. El resto de los textos requeridos, excepto por algunos análisis históricos del desarrollo de las instituciones políticas modernas, son estudios de política comparada, casi todos escritos en la segunda parte del siglo XX. Los autores de estos textos utilizan una gran cantidad de estadísticas, hacen todo tipo de cuadros y gráficos impresionantes, y escriben en un lenguaje técnico que resulta completamente incomprensible a cualquier ser humano común y corriente. El interés por entender la política desde una perspectiva histórica a través del estudio de las obras clásicas es casi nulo, si no inexistente. En el plan del curso solo hay mención de una obra clásica, Leviatán de Thomas Hobbes, y no es más que una lectura recomendada.

¿Por qué existe en Sciences Po este estilo de enseñanza tan particular de la ciencia política? A mi parecer existen dos razones, una superficial y otra más profunda, que voy a analizar a continuación. La primera razón, la más superficial, es que al parecer se asume que los estudiantes, al llegar a esta universidad, ya poseen esos conocimientos. Estoy seguro que los profesores que dictan nuestras conferencias poseen un conocimiento detallado de todas las obras clásicas de la filosofía política, solo que se les impone un currículum que da por sentado un conocimiento previo muy alto por parte de los estudiantes. Después de todo, el modo tradicional de entrar a una universidad como Sciences Po es a través de selectivas escuelas preparatorias. Sin embargo, la mayor parte de los estudiantes, particularmente en los campus deslocalizados, ya no siguen ese proceso, y llegan aquí con los conocimientos de filosofía política que les brindan sus cursos de ultimo año de liceo. Las discusiones de clase le piden a los estudiantes que debatan sobre temas fundamentales a la disciplina para los que la mayoría no estamos preparados. El contraste con los estudiantes de intercambio o doble diploma, que ya han cursado estudios universitarios en otra institución, es más que remarcable.

La segunda razón, un poco más profunda, es que lo que aquí se estudia es ciencia y no filosofía política. El siglo XX se diferencia de otros por una facilidad superior de utilizar métodos estadísticos para el estudio de las ciencias sociales. Durante la mayor parte de la historia habíamos dependido de las reflexiones de los grandes humanistas para comprender la naturaleza humana. El argumento parece ser que hoy en día no necesitamos pasar por ese camino tan pantanoso y subjetivo, ya que al ser humano se le puede medir y cuantificar como una maquina, y llegar a comprenderlo con la misma exactitud con la que podemos llegar a comprender una reacción química, o la aplicación de una ley de la física. Todo, desde la decisión de ir a votar, la puesta en práctica de una política pública, hasta un golpe de estado se puede entender de una manera estadística y objetiva. Los investigadores modernos tienen a su alcance una cantidad casi ilimitada de datos de todo tipo, y a diferencia de los autores clásicos, pueden acceder a bases de datos del otro lado del mundo sin moverse de lugar, lo que les permite agrandar el campo de investigación a una escala internacional. Esta concepción parece ser más fiel al nombre de la disciplina, ya que la ciencia política se vuelve más ciencia de lo que antes era.

El problema de este razonamiento es que ignora la connotación subjetiva que contienen todas las palabras del lenguaje humano. La sola palabra ciencia, que de cierta manera implica que podemos llegar a la verdad de manera objetiva, es un producto de la subjetividad humana. Al utilizar la palabra ciencia estamos poniendo en evidencia toda una gama de valores, una fe en el racionalismo y en las facultades humanas que son producto nada más y nada menos que de la filosofía. Vale la pena destacar que hasta hace unos tres siglos, en las universidades inglesas la ciencia no era más que una rama de la filosofía, y muchas veces no se le daba el nombre de ciencia como tal, sino filosofía natural. La más mínima declaración que hacemos en nuestra vida diaria contiene una serie de preconceptos y subtextos que no podemos entender sino a través del estudio de la filosofía. La filosofía no pretende cuestionar la posibilidad de llegar a conclusiones objetivas a través de procesos racionales, sino hacernos conscientes de que hasta los valores más básicos de nuestra sociedad provienen de conceptos desarrollados por seres humanos. Como dice Bertrand Russell: “Enseñar como vivir sin certeza, y al mismo tiempo sin dejarse paralizar por la inseguridad, es tal vez lo más importante que la filosofía, en nuestra época, puede todavía aportar a aquellos que la estudian.”

No dudo que todos los textos que leemos en nuestras clases sean pertinentes, y no pretendo quitarle merito a aquellos que los escriben. Como bien se ha explicado en una de nuestras primeras clases de ciencia política, el uso predominante de datos cuantitativos y de métodos estadísticos en la ciencia política, aunque haya surgido en los Estados Unidos, es una tendencia que se ha expandido alrededor del mundo, y ya no se encuentra delimitada a un país o un área geográfica determinada. En efecto, la gran parte de las tesis doctorales hoy en día son de alguna u otra forma estudios de política comparada, o investigaciones que se basan en su mayor parte en datos cuantitativos. Aun más, la conclusión de la tesis en pocos casos va a ser una reflexión filosófica que pretenda cuestionar alguna cuestión fundamental de la disciplina. Si este fuera el caso, la ciencia política sería tan inestable que nunca se llegaría a una conclusión concreta. Lo que hay que tener en cuenta es que la sola motivación para realizar un estudio de política comparada presupone unos ciertos valores ya cimentados en nuestra sociedad que son producto de ideologías que se han venido desarrollando a través de los siglos. El conocimiento de este contexto histórico e ideológico es más que fundamental para comprender realmente lo que los investigadores contemporáneos nos están tratando de decir.

El estudio de los autores clásicos no es necesario por que estos tuvieran razón. Por el contrario, muchas de las proposiciones que hicieron los autores clásicos han demostrado ser más que inapropiadas para gobernar nuestra sociedad. El estudio de los autores clásicos es importante porque estos pusieron en la mesa las preguntas que siguen dominando el debate político hasta el presente. ¿Qué constituye un buen régimen?, y ¿Quién debería gobernar? son dos preguntas que tienen tanta validez hoy como la tenían hace 2000 años, cuando fueron formuladas por primera vez. Podemos refutarlos todo lo que queramos, pero si hay algo que no podemos hacer es ignorarlos, ya que la forma como formularon los problemas sigue dominando nuestra forma de pensar hoy en día. Pero la idea no es solo saber cuales son las preguntas que han dominado el debate político a través de la historia, sino saber como se llegó a ellas. Ningún hombre es una isla, y lo que sucede a su alrededor determina substancialmente su manera pensar. Aristóteles y Platón no habrían escrito lo que escribieron si la Guerra del Peloponeso hubiera tenido otro resultado, y Thomas Hobbes y John Locke no habrían llegado a las conclusiones a las que llegaron si no hubieran sido testigos de la Guerra Civil Inglesa. Solo a través de una contextualización histórica que acerque al estudiante lo más que se pueda a la situación del autor en la época se puede llegar a entender por completo el origen y la importancia de la pregunta. Toda clase de ciencia política, por lo tanto, debería tener antes que nada no solo un enfoque literario sino también un enfoque histórico.

Por supuesto, los autores clásicos no son completamente ignorados en Sciences Po. Ciertos argumentos de Aristóteles y Hobbes han sido mencionados en nuestra clase de ciencia política – pero nada más que eso. Y por supuesto, cualquier estudiante puede elegir una obra clásica para escribir su ficha de lectura al final del semestre, y muchos lo hacen. Pero una vez más, leer las obras clásicas no debería ser una opción, debería ser una obligación. El aspecto histórico tampoco está completamente olvidado. Como ya dije, ciertos de los textos obligatorios tratan sobre el desarrollo de ciertas instituciones fundamentales de los regimenes políticos modernos. Pero, y volviendo a la primera razón citada, estos textos solo pasan por encima de procesos históricos que apenas conocemos de manera superficial, y el provecho que podemos sacar de estos es mínimo si el enseñante no se asegura antes que los estudiantes conozcan a fondo el periodo de la historia del que se está hablando.

El hecho de que no exista en Sciences Po una clase separada de filosofía política es algo bastante preocupante, pero la forma como esta es dejada de lado en nuestras clases de ciencia política es completamente inaceptable, especialmente si consideramos el nombre completo de la institución, Instituto de Estudios Políticos, y si tomamos en cuenta la reputación que esta tiene por el estudio de esta disciplina en particular. John Maynard Keynes alguna vez dijo lo siguiente:

“Las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando tienen razón como cuando se equivocan, son más poderosas de lo que normalmente se cree. En efecto, el mundo está gobernado por poco más que esto. Los hombres prácticos, que creen estar exentos de cualquier influencia intelectual, son normalmente esclavos de algún economista difunto.”

La frase de Keynes es tan aplicable a la ciencia política como lo es a la economía. Mientras más ignoramos la filosofía, más nos volvemos victimas de ella. Esta universidad prepara a muchos de los futuros lideres de esta nación, así que debería tomar en serio la responsabilidad que esto conlleva y ser consciente de lo importante que es formar individuos que sean, antes que nada, capaces de reflexionar. Ojala todavía seamos capaces de oír la voz de Sócrates cuando prometió siempre estar ahí para recordarnos que solo la vida examinada vale la pena ser vivida. En este momento, si es que todavía recordamos quién fue y que dijo, deberíamos rendirle homenaje a su legado y devolverle a la filosofía política su lugar como base fundadora de todo el esfuerzo de entender la política.

1 commentaire

    Estou completamente de acordo com você, Santiago, quando diz que um cientista político que se digne não pode deixar de estudar os autores clássicos da filosofia política. Mas não tenho certeza que a Sciences Po é exatamente uma escola de Ciência Política.

    Acho abandono dessa disciplina na nossa escola se deve a uma decisão de ampliar o leque das disciplinas da nossa escolaridade, decisão que como todas as outras sempre implica uma perda em alguma parte. Aí surge este problema do qual todos nós nos queixamos em um momento ou em outro, de uma maneira ou de outra: aprendemos de tudo, porém sempre de maneira muito superficial.

    Pessoalmente, acho que acabo me satisfazendo com a variedade, mesmo com a falta de profundidade.

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