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The Orient Road Redemption

Florida, Estados Unidos.

Está conduciendo. Acaba de visitar a sus hijas un día cualquiera del mes de enero de 1996. De repente le rodean coches de policía y helicópteros en el cielo. Le gritan, lo sacuden, le arrastran, lo detienen. Le acusan de haber asesinado a una pareja: él hijo del sheriff de la ciudad y camello conocido, y ella bailarina de striptease. Este podría ser el principio de una película mala de Hollywood pero no es así. Esto le ocurrió a Joaquín José Martínez. Ninguna prueba parece incriminar a este español instalado en Florida: no hay testigos, ni arma, ni huellas, ni prueba del ADN. Sólo una ininteligible grabación en la que estaría confesando el crimen pero cuya transcripción es completamente inventada por la fiscalía. Entonces lo llevan a un juicio basado en pruebas in-concluyentes que no merecen llevar ese nombre: testimonios de policías, declaraciones de su ex-mujer y ex novia, y afirmaciones de algunos presos que aseguran que Joaquín José les ha confesado el doble asesinato. Además, en el escenario del crimen sí que hay huellas dactilares y ADN que no son pertenecientes ni a Joaquín José ni a la víctima, pero la justicia quiere ir demasiado rápido, y teniendo al “perfecto culpable” entre rejas no intentan ni siquiera buscar de quien podrían ser. El juicio, está lleno de irregularidades e injusticias y acaba con una terrible sentencia: Joaquín José es condenado a la pena muerte por el asesinato de los dos jóvenes y robo a domicilio.

Palizas, amenazas, imposibilidad de recibir visitas o correo, condiciones de vida infrahumanas en las que el calor insoportable y la humedad del verano, no son ni más ni menos deseables que el terrible frío invernal que traspasa la blusa naranja hacia sus huesos: el corredor de la muerte de la prisión Orient Road en Florida pasa a ser entonces su nueva realidad, la realidad de un hombre seguro de su inocencia.

“El corredor era peor que una pesadilla de la que uno al despertar intenta olvidarse, por muchos esfuerzos que haga jamás he podido borrar aquellas imágenes de mi cabeza” Joaquín José Martínez.

Pero la gente se movilizó. Organizaciones españolas enviaron cartas y apoyo. Los padres de José Joaquín fueron los pilares de esta movilización en la que rápidamente se unió toda España seguida de Europa. Gracias al interés internacional, Joaquín José consiguió contratar a un buen abogado, Peter Raben que consiguió que se le otorgara un nuevo juicio. Esta vez el juicio fue justo tal y como el veredicto: no culpable.

Hoy en día y después de 5 años en el corredor de la muerte Joaquín José Martínez es portavoz de la lucha contra la pena de muerte. Participa en numerosos actos y responde a entrevistas y gracias a su importante activismo tenemos hoy el privilegio de poder hacerle algunas preguntas.

La pena de muerte parece siempre ser un tema de debate, en que se oponen dos opiniones, muchas veces irreconciliables. En los últimos 65 años, los movimientos y asociaciones de Derechos Humanos denuncian y luchan contra la pena de muerte en nombre del derecho a la vida (Art.2 DDHU ONU 48) en el mundo entero. ¿Se considera usted mismo un activista pro-derechos humanos? ¿Cree usted que la pena de muerte debería ser prohibida en el mundo entero en nombre de los Derechos Humanos?

JJM: Yo creo que sí. Acabar con la pena de muerte seria acabar con una violación de los derechos humanos que debería llegar a su fin para el bien de todos aquellos que nos consideramos “humanos”. Aun así no me considero un activista pro-derechos humanos ya que a veces pienso que no hago lo suficiente para ser considerado un activista, carezco del tiempo y los recursos para dedicarme el 100 por cien a la causa.

¿Cuales serían hoy en día los repertorios de acción que tenemos para sensibilizar a la gente sobre la abolición de la pena de muerte? Cree usted que este tema es suficientemente debatido hoy en día?

JJM: Tenemos a un gran número de profesionales dentro de los medios de comunicación que ayudan a difundir la información y todo lo relacionado a la pena de muerte. Creo que con el apoyo de las organizaciones nacionales e internacionales, los políticos que interceden por la causa, nuestra casa real y los medios de comunicación pueden hacer llegar a la población el mensaje de que hay que acabar con esta práctica cruel e inhumana. No obstante considero que no es un tema debatido lo suficiente, siempre se puede hacer más.

¿Cree usted que los estados de Estados Unidos que mantienen la pena de muerte hoy en día estarían dispuestos a discutir una abolición?

JJM: Creo que ya se lo han ido planteando durante estos años y cada día se acercan más a encontrar métodos alternativos a la pena de muerte. Desde que Salí del corredor de la muerte en el 2001, cuatro estados que estaban a favor de la pena muerte han decido revisar esta práctica y en algunos casos han optado por acabar con ella.

Los que defienden la pena de muerte muchas veces afirman que uno es defensor de la abolición hasta que sufre personalmente un acto criminal, usted que tiene tres hijas, ¿qué le responde a este argumento?

JJM: Yo antes de entrar en el corredor de la muerte estaba a favor de la pena de muerte, porque consideraba que era una manera de acabar con la violencia y que la familia de la victima encontrara paz, pero nunca pensé que el condenado a muerte también tiene una familia y ellos a la misma vez son víctimas. Mucha gente me dice que ahora estoy en contra por mi experiencia vivida, yo siempre les cuento que lo que fue peor para mí no es el corredor de la muerte sino mas bien la muerte de mi padre. Mi padre fue arrollado en un paso de peatones por un chico de 17 años que circulaba a una velocidad inadecuada, en un primer momento quise ver a ese chico ejecutado, pero mi madre me enseño a perdonar y aunque yo le hubiese visto mil veces ejecutado a ese chico, el dolor que yo siento no se iba a quitar y sobre todo a mi padre, nadie me lo iba a devolver.

Usted dijo de la experiencia del corredor de la muerte “El corredor era peor que una pesadilla” sin embargo nos parece interesante tener más detalles sobre su estado de ánimo durante el arresto, ¿cómo describiría el shock que experimentó cuando su vida y el sentimiento que hasta entonces le había dado, cambió de la noche à la mañana?

JJM: Durante el arresto sinceramente fui bastante arrogante, pues yo tenía claro que esto sería pasar un par de horas en comisaria puesto que yo no tenía ni idea de lo que me hablaban, pero cuando empezaron a pasar los días, semanas y meses, me llevaron a juicio, me condenaron a muerte, y no podía dar crédito a lo que estaba sucediendo pues me habían condenado siendo inocente y me iban a matar siendo inocente. Me sentí traicionado por el sistema de justicia que tanto había apoyado y en el que tanto creía.

¿Cómo consiguió reconstruirse después de su experiencia en el corredor de la muerte? ¿Piensa en esos cinco años todos los días?

JJM: Fue muy difícil, porque después de estar encerrado más de 5 años, tuve que aprender a volver a vivir en libertad, pero poco a poco y gracias al apoyo incondicional de mi familia, las ganas de ver crecer a mis hijas, las ganas de volver a vivir conseguí salir adelante. Todos los días de mi vida pienso en esos 5 largos años dolorosos e interminables y doy gracias a Dios y a todas las personas que creyeron en mí y me apoyaron incondicionalmente.

¿Qué mensaje o lección de su experiencia le gustaría transmitir a los jóvenes y a las futuras generaciones?

Que disfruten cada segundo de su vida, que amen a su familia, respeten a todo ser humano, que aprendan a perdonar y sobre todo que luchen por acabar con la pena de muerte, aunque en el país que residen este abolida, no significa que estén fuera de ella porque mientras exista, todos podemos acabar en un corredor.

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