¿Cómo participar políticamente en Sciences Po Poitiers?
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El título es pomposo sólo para atraer la atención. Escribo motivado por un extraño malestar, este es el de permitir que ciertas opiniones sean eximidas de la crítica que merecen. No pretendo discordar ni apoyar cualquiera que fuere la idea que los actuales alumnos de Sciences Po tengan del rol de un delegado. Sin embargo para argumentar quiero recordar a un hombre que admiro profundamente, la verdad a varios, que contribuyeron de alguna forma en forjar lo que es hoy en día la participación de Poitiers.
Si el campus no ha cambiado demasiado, los debates deben vivirse con la misma intensidad con que nos tocaron a nosotros. Es un extraño lugar para opinar. Cada vez que se dice una barbaridad, lo que en el calor de un debate furioso nunca es extraño, se cae en el peligro de herir a un amigo, o al menos a un colega. Aún más si el debate trata algún tema álgido. Se corre el riesgo de que las pasiones ataquen, y en un ambiente en el que todos están muy unidos, esto puede derivar en turba contra quien hubiera hablado. Al estar obligado a verse la cara por lo mínimo por un año día tras día, la lógica quisiera una reducción de las fricciones o por lo menos una “libertad total” – sin reprehensiones – a la hora de emitir opiniones. Son sólo ciento cincuenta, y muchos quisieran guardar algo de alegría en el ambiente.